jueves, 4 de marzo de 2010

Reseña

Para ser peligroso también hay que hacer mérito


|Tirando línea
|Mauricio Torres Maldonado (Mauto)
G. M. Editores, Villavicencio, 1999,
205 págs.

En Colombia han existido muy buenos caricaturistas, como Ricardo Rendón, Héctor Osuna, Jairo Barragán (Naide), Elkin Obregón, Vladdo, Carlos Mario Gallego (Mico), para mencionar sólo un puñado, de antes y de ahora, que han logrado, a lo largo de muchos años, consolidar un alto gusto por la caricatura en el público lector de varias generaciones.

Y existen también muchos malos, que publican sólo porque, a veces, están emparentados con el dueño del periódico, o porque el dueño del periódico considera de poca importancia el cuadrito donde aparecen los muñecos de la página editorial, mero relleno o simple réplica de lo que él dice, casi siempre con igual torpeza, en la columna de arriba del cuadrito, comúnmente llamada Editorial.

En ello, es obvio, se equivocan de tajo, y eso sólo demuestra una más de las facetas de nuestro gran provincialismo, superado apenas, creo, por El Espectador en la continuidad e independencia que le propició (hasta su renuncia) a Héctor Osuna, quien es, en cierto modo, el gran prócer de nuestros caricaturistas, sólo comparable con Ricardo Rendón, también gran colaborador en su momento de esa casa editorial. Ellos dos, los más logrados y atendidos caricaturistas del país, son eminentemente políticos. Y han contribuido a entender la realidad de ese mundo de mañas y mentiras que es la política, casi sin excepción. Sobre todo porque, además de un sentido de independencia a toda prueba, están dotados de cualidades excepcionales en el arte del dibujo. Y de un urticante humor que nunca cayó ni en el facilismo ni en la obviedad ni en el libelo. El acoso y la inmediatez del impredecible acontecer de la realidad colombiana nunca fueron óbices para que esas caricaturas de periódicos y revistas puedan aún hoy mirarse y leerse con verdadero gusto. Allí hay una parte imprescindible de nuestra historia, vista sin sesgos ni acomodos, y con la generosa ventaja que propician el humor y la crítica.

Tal vez por una suerte de tradición o de influencia en el aspecto estrictamente político, o porque el nuestro es un país donde nunca han faltado razones para que hasta el más improvisado hijo de vecino, como en el fútbol, opine y "resuelva" todos los asuntos de la vida pública, absuelva o condene a toda suerte de protagonistas y no protagonistas, tal vez por ello, digo, nuestros caricaturistas, en gran número, caminan también en esa cuerda floja que es el tema político. Y porque es una servidumbre muchas veces exigida por quienes manejan los grandes medios escritos, sin duda.

A aquellos que mencioné al principio puede atribuírseles la precisión absoluta de la frase de Charles Baudelaire (París, 1821-1867) acerca de ese arte que tanto apasionó al autor de |Las flores del mal: "La caricatura es doble: el dibujo y la idea: el dibujo violento, la idea mordiente y velada"1 . Y ésta del argentino E. L. Revol: "Es un hecho seguro que la mejor caricatura no nos dejará nunca la sensación del ejercicio trabajoso: espontaneidad es el dato que de entrada la distingue"2 .

|Tirando línea es un libro de caricaturas de Mauricio Torres Maldonado (Mauto) (Villavicencio, 1961), "selección de caricaturas publicadas en diferentes medios de comunicación en los últimos quince años, y algunas inéditas", según reza al comienzo. Un libro realizado con el apoyo del Fondo Mixto de Promoción de Cultura y las Artes del Meta.

Caricaturista de marcado tinte político, casi todo este libro está dedicado a lo que comúnmente se denomina "denuncia". De los malos servicios públicos, de la corrupción de altos, medianos y bajos empleados del Estado, del cinismo de los políticos, de los malos salarios, del yugo de los gringos, de la represión, de... El último capítulo lo denomina "En líneas generales", donde podría pensarse que atenúa ese carácter beligerante del resto del libro, pero hasta allí mismo lo persigue el afán de denunciar. Cualquiera puede argumentar, a favor de esta tendencia, que ése es el país que tenemos, en términos generales. Pero está lejos de ser efectivo este libro en todas sus intenciones, porque su autor parece olvidar ese precepto, que debe ser axioma, según el cual la calidad debe estar por encima de cualquiera otra circunstancia para lograr el objetivo de llamar la atención aun del más desprevenido de los lectores. En un artículo de Gaceta, de agosto de 1991, la artista Beatriz González dice que "la solución clásica del enfrentamiento poder/caricatura ha sido, a través de la historia, la prisión, la destrucción de las obras y de las imprentas, y el destierro". Creo que nada de esto le ocurrirá al caricaturista Mauto, porque también el poder tiene entendido cuál es el arte que más daño le hace, y, dicho arte, hoy, no es el de aquel lenguaje trillado a que hemos aludido, sino el del verdadero humor, el de la fina ironía, el de los dados cargados de la inteligencia. Era un Rendón, era un Klim, es un Osuna. Para ser peligroso y perseguido también hay que hacer méritos.

Además de esa reiteración inclemente y machacona sobre la realidad del país, es necesario anotar la pobre destreza del autor en lo puramente formal, la línea sin decisión de su dibujo, su escasa cualidad de fisonomista. El trazo de Mauto carece de gracia y de estilo, dos elementos que, en ocasiones, salvan un mal tema, o un tema donde el autor se "descacha". Esos casos en que uno puede decir tranquilamente que la forma es el contenido. Aquí no.

Cuando Baudelaire en su frase dice "dibujo violento", alude a la efectividad que, como un estilete, tiene el dibujo rápido, limpio, expresivo, sutil. No cargado, que es lo que parece entender el caricaturista de aquí, tomándose literalmente, tal vez sin saberlo, el origen de la palabra caricatura: |caricare (italiano): cargar. Tampoco tiene ideas "mordientes y veladas", sino frases, como dije, trilladas. El humor no puede carecer de sutileza porque se vuelve patetismo, obviedad, ruido. Ésa es la condición para que lo que se diga no caiga en la rutina del lenguaje inexpresivo, vacío de tanto repetirse, aunque lo acompañe su dosis de "razón". Un caso, de los tantos en este libro, es el de la representación de una pitonisa que predice la suerte del país en su bola de cristal ante la figura famélica de un campesino, y le dice que "se vislumbra un 'ligero' atraso para Colombia en el año 2000", a lo cual el campesino le increpa, manoteando: "Pero, por Dios, ¿en qué vamos a ser los primeros?", y la bruja dice: "Colombia será el PRIMER TUGURIO [subrayado de él] de Latinoamérica... y símbolo mundial de corrupción y violencia". Como se ve, hay aquí un discurso excesivo, pero no mordiente. Y sería aburrido citar más ejemplos.

Lastimosamente, hay que admitir que se publican en Colombia muy pocos libros de buena caricatura. En una cantidad, se entiende, proporcional a los buenos caricaturistas. Y aceptando, por ejemplo, que un Caballero está lejos de ser un auténtico caricaturista. Que es de aquellos que sólo tienen "ideas mordientes".

Están ya muy lejos las fechas en que Naide, Osuna, Mico y Obregón publicaron sus, esos sí, buenos libros. Una lástima que la mala literatura no ceda el campo al buen humor, en un país de mucha vana trascendencia y de muy mala leche.


LUÍS GERMÁN SIERRA J

1. Citado por E. L. Revol en "De la caricatura a los cómics", revista Eco, núm. 160, Bogotá, febrero de 1974, pág. 407.
2. Ibíd., pág. 408.

BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

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